proyecto análogo revista contagio

Del amor en cuatro actos

Las calles hablan. Estamos seguros de eso. A veces las oímos, otras pasamos demasiado rápido y alcanzamos apenas a escuchar silbidos. 

Las calles, en conjunto, gritan, se desgarran a sí mismas, forman ciudades.  

***

Si nos pusiéramos a trabajar en una gran mesa y colocáramos en ella todos los elementos que conforman Proyecto Análogo, encontraríamos coincidencias insospechadas entre conceptos totalmente opuestos.

Por un lado está nuestro apego ineluctable a la ciudad; por otro, nuestra pasión hacia los objetos, las cámaras. Fetichismo, por decirlo de una forma. También encontraríamos una obsesión casi enfermiza por la recolección de polvo y decadencia en todas sus formas: grietas, óxido, atardeceres, cortinas cerradas, negativos. Del otro lado de la mesa, casi al filo, casi cayéndose, estaría el amor. Y para hablar de amor se necesitan razones, razones fuertes, pues es un tema que, mal escrito, mal planteado, tiende al desastre.

Pero sólo entendemos este Proyecto desde ahí. Desde aquello que se posa al filo de una mesa, entre cayéndose, entre quedándose; sólo nos entendemos entre lo que al final nunca se queda, y entre lo que, evidentemente, al final nunca se va.

La ciudad

Desde el día en que nos propusimos compartir nuestras fotos con el mundo (y todo porque nos daba pendiente que los negativos se refundieran en el polvo) hemos aprendido más de nosotros mismos que de la fotografía. En los elementos que mencionamos antes en la mesa, de los que está hecho nuestro Proyecto, no mencionamos la foto. Porque la foto es la habitación en donde está esa mesa de trabajo.

La fotografía es la habitación, nosotros los niños que la desordenan.

Y en ese aprender de nosotros, en ese enamorarse de nuevo de la foto, de la cual estábamos desencantados desde hacía algunos años, supimos que la ciudad representaba todos nuestros ideales.

A veces llega un día en que decidimos sentarnos y revisar nuestros negativos, o las versiones digitalizadas de ellos; decidimos ver, también, cómo se aprecian todas nuestras fotos en conjunto, ya sea impresas o en una pantalla. Y en ese proceso, que sirve más para saber hacia dónde vamos, desde un momento y punto determinado, descubrimos cada vez con más frecuencia que en nuestras fotos hay una soledad enorme, una reflexión del vacío: en nuestras fotos hay tristeza, benévola, pero tristeza al fin. 

Y siendo marco de todo aquello, está la ciudad como el gran escenario de una obra a punto de empezar.

Proyecto Análogo sin la ciudad no es nada. 

***

Si miras con cuidado, escucharás su voz.

***

Los objetos

Pero tampoco es nada sin los objetos. 

Siempre volvemos a la frase de Paul Auster: “Los objetos son inertes y sólo tienen significado en función de la vida que los emplea. Están y no están allí, como fantasmas intangibles, condenados a sobrevivir en un mundo al que ya no pertenecen.”

Y Proyecto Análogo también es un homenaje a las cámaras como objetos. Empezamos con la fotografía analógica porque, en 2015, dos cámaras llegaron a nosotros casi accidentalmente: la Praktica LLC de mi abuelo, la Polaroid del tío de María. Y así fue como empezamos, porque esos objetos, para nosotros significaban la vida de ellos, de esa gente que no estaba más entre nosotros. Porque sí: esas cámaras no descansaron de aparecérsenos todos los días a nuestro paso, hasta que por fin las sacamos a la calle y empezamos a contar lo que veíamos a través de ellas.

Y fue curioso que, cuando la gente empezó a ver lo que hacíamos, en principio gracias a Instagram, nos empezaron a buscar para darnos cámaras, cámaras “antiguas”. Primero una Rolleiflex, luego una Pentax, luego más Polaroid. Era como si todos esos objetos cuyas funciones habían estado dormidas por años, imploraran a sus dueños llegar a nuestras manos. Querían vivir de nuevo, y nosotros, claro, estábamos dispuestos a cumplirles su último deseo.

 

La mayoría de las cámaras que tenemos han llegado a nosotros porque a la gente le gusta nuestro trabajo. 

***

Las calles tienen que escribir su propia historia. Nadie más lo hará por ellas. Los cronistas, los fotógrafos, resultan ser tan sólo imitadores de poca monta. Ahí, entonces, está la historia de ellas, tallada en cal y sangre, siempre en un estado latente de partida: yéndose y quedándose. 

Las calles resultan ser la dualidad encarnada: la resistencia a no desaparecer de un momento a otro, de ahí que parezcan siempre zonas de guerra. 

La guerra silenciosa de resistirse a la desaparición.

proyecto análogo revista contagio

***

La decadencia

Nos gusta la forma en que trabaja el polvo. Se cuela por las rendijas de todo, como si fuera la nata de la realidad. Las cámaras son objetos que tienden al polvo, y las ciudades son la mayor fábrica de éste. Y nosotros sabemos que el polvo es la manera en que el declive hace presencia.

Proyecto Análogo surge en un tiempo en que las ciudades se ven inmersas en una disyuntiva crucial, en el punto en que o se reinventan o se condenan invariablemente a la destrucción, a la autodestrucción. En medio de eso, la decadencia persiste como un punto medio entre la desaparición total o la supervivencia.

Hemos descubierto que sentimos una inclinación por la tristeza, la suciedad y sí, el polvo. Hemos descubierto que no hay mejor conversación que la que se da entre un objeto decadente, una ciudad decadente y un ser decadente.

Nos interesa lo que hay en una caja enmohecida, nos interesan los engranajes percutidos de una Hasselblad, de una Rollei, de una SX-70, pues es en ellos donde habitan sus glorias del pasado. 

***

Mira los perros que dormitan al umbral de una casa abandonada. ¿No son ellos quienes vieron al polvo caminar aquí, anoche? ¿No son ellos los últimos testigos que persisten después de la hecatombe?

Quienes sobrevivirán no serán las cucarachas, a usted le han mentido: serán los perros solitarios que rascan el polvo de su lomo y forman esas nubes invisibles.

***

El amor

“Caminar es lo único que hacemos bien y sin errores”. Esa frase se lee en una de las libretas en las que también apuntamos recordatorios, notas al pie para nuestras fotos y las rutas que seguiremos a la ciudad a la que vayamos. Y es cierto: caminar está exento de errores. Y es aquí en donde llegamos al punto en el que definimos al amor como eso que siempre está a punto de caerse de una mesa: siempre vamos y venimos, con una cámara al cuello, e intentamos hacer un discurso con toda esa entropía hecha de polvo.

Y luego viene el error. El maldito error. Viene la jodida imperfección del rollo, vienen las fugas de luz, las filtraciones de polvo, un exceso de químicos, el error involuntario de un rollo caducado.

Frustración, enojo. 

Al otro día, o después de unos días más, viene la reconciliación: regresar a las fotos que odiamos, a los negativos por los que primero sentimos desprecio, y encontrar en ellos la respuesta a la pregunta del día, encontrar de ellos la belleza insospechada, el intento de encerrar la decadencia.

Ese proceso, el de tomar una cámara, salir a la calle, mirar el mundo, revelar un rollo y luego odiarlo, creemos, es lo más parecido al amor.

***

Cuando todo termine quedarán los nombres que las calles se inventaron para sí mismas. 

De nosotros, nada.

proyecto análogo revista contagio

proyecto análogo revista contagio

proyecto análogo revista contagio

proyecto análogo revista contagio

proyecto análogo revista contagio

proyecto análogo revista contagio maría prieto

María Prieto

proyecto análogo revista contagio pablo aguelles

Pablo Argüelles

Somos

La pandemia global de Covid-19 ha catalizado la degradación del ejercicio periodístico como una manifestación cultural de primer orden. A nuestro lado y en todas direcciones, vemos caer redacciones enteras y explotar medios en una crisis infinita. El mundo como lo conocíamos ha terminado. Sin embargo, nos quedan nuestras historias y el lenguaje que las enuncia desde una particularidad que nos empuja a irrumpir. CONTAGIO es una revista digital de historias para el fin del mundo. Crónicas, híbridos, fotorrelatos y testimonios desde el margen de la Historia. No mantenemos ninguna esperanza, pero creemos en lo nuestro, vivimos ahora y lo escribimos. Nuestra experiencia es proteica; nuestra locura, creativa; nuestro ocio, activo; y nuestra irresponsabilidad, literaria.

Lo que hacemos:

Contar historias

Contarnos cosas

Contactar vida inteligente

Contaminar la blancura mental

Contagiar ideas

Más Historias
A dónde van nuestros muertos
Skip to content